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TEODORO VALCARCEL CABALLERO.

Nació en Puno el 19 de octubre de 1900, sus estudios los realizo en la ciudad de Puno, desde niño contó con una formación musical adecuada, Hijo de don Theodoro Valcárcel y de doña Asunción Caballero, realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Nacional San Carlos, luego se trasladó a la ciudad de Arequipa para comenzar sus estudios de piano con el maestro y compositor Luis Duncker Lavalle. En 1913 viajó a Lima para luego trasladarse a Milán - , a fin de estudiar música, bajo la   de los maestros Appiani, Squiepatti, Ferruccio Buzón. También hizo estudios en España bajo la dirección de Felipe Pedrel, fue alumno de Luis Dunker Lavalle; estando en Milan, tuvo como maestro a lumbreras de la música universal, también estudio en Barcelona y Lima, de ocupación músico, radicó en diversas ciudades, llegó a de desempeñar el cargo de Jefe de Folklore de la Academia Nacional de la música.
A su regreso hacia Sudamérica visitó Puno, Cusco y Arequipa, antes de residir en Lima. En 1928 estrenó con mucho éxito la composición coreográfica “Sacsayhuamán”. Representó al Perú en la Exposición Iberoamericana de Sevilla y en los festivales sinfónicos organizados en 

con motivo de una exposición internacional. Su obra “Suite Incaica” fue acogida favorablemente por la crítica en París, Londres, Berlín y otras ciudades europeas.

En 1931 fue nombrado jefe de la sección de Bellas Artes y en 1935 jefe del departamento de folklore nacional de la academia Alcedo. Cuatro años después asumió la jefatura del Instituto de Arte Peruano creado en el Museo Nacional. Ese mismo año, 1939, pasó a formar parte, junto con Alomías Robles, del   de música del museo nacional, falleció en Lima el 20 de marzo de 1942. Dejó inéditas cerca de cuarenta y cuatro obras.

Sus obras más destacadas son: Suite incaica (1929), Cuatro canciones incaicas (voz y piano, 1930), Estampas de la cordillera (piano, 1932), Suray Surita (ballet, 1939); En las ruinas del templo del Sol (1940), Partita (Concierto indio, 1940) y Cuatro danzas (Danza de la flecha, danza de la cosecha, danza de la honda y danza de las flores, 1941).También ha compuesto Reflejo en la cumbre, Ritual de los jóvenes honderos, Los balseros, Ayarache para cuerdas, Cachampa y La Sonata India.

Destacado  compositor, unió los recursos de la música culta europea con lo mejor de nuestro folklore serrano, por su talento y obras esta considerado entre los compositores musicales mas importantes del Siglo XX, escribió todo tipo de obras: sinfonías, solistas con orquesta, canciones para coro y piano. entre sus obras musicales destacan: “La Cachampa”, “Danza del Hechicero”, “Los Balseros”, “La sonata india”, "Estampas de ballet", " Suray  Surita", "Bodas del gran Curaca", "Bailan los llameros", "Suite incaica", “Ritual y Danzas”, etc., en 1928 fue triunfador en el Certamen de Amancaes, en 1929 represento al Perú en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, murió un 20 de marzo de 1942 en la ciudad de Lima.

A TEODORO VALCARCEL

Nora Chastain es una preciosa americana de ojos claros, el viernes pasado vestía un conjunto rojo sangre esplendoroso, ella es una de la violinistas mas notables del mundo, interpretò con la Orquesta Sinfónica Nacional, esta vez bajo la conducción del consagrado director indù-norteamericano Ankush Kumar Bahl, el Concierto Indio de Teodoro Valcàrcel. Para los dioses. Nora y el violìn eran uno solo y parecía que Valcàrcel Caballero hubiese compuesto tan hermosa sinfonìa tan solo para Nora y nadie màs. Habìa que ver la elasticidad y plenitud de ave, de ave estrella refulgente, de esta americana nacida en Berkeley, que vino al Perù solo para el concierto.
Momentos antes, el titular de la Sinfònica, el maestro Fernando Valcàrcel, propiciò una mesa redonda, en un auditorio más intimo y solo para privilegiados, a la cual tuve el honor de ser invitado como expositor.
En 1995 tuve la poca fortuna de estropear la celebración del centenario del gran maestro puneño, pues descubrí, por encargo de su sobrino, el maestro Edgar Valcàrcel, su partida de nacimiento en la oficina de registros públicos de Puno, donde se consigna no a ese año de 1995 sino a 1996, como el del centenenario. Y desde entonces se sabe, realmente, en què año naciò.
El aspecto màs notable de la vida y obra de Teodoro Valcàrcel Caballero, es su extraordinaria precocidad. En 1914 ya se hallaba estudiando piano y composiciòn en la ciudad de Milàn, y eso no solo porque la familia Valcàrcel pudiera darse el gusto y el gasto, sino porque el joven Teodoro para entonces ya era un consagrado pianista. Fue Dunker Lavalle que le dijo a su padre, este muchacho da para mucho màs, no podemos desperdiciar este talento; y viajò, y le sacò el jugo a sus estudios. Pero tuvo que regresar porque las voces de la guerra eran cada vez màs insistentes.
Toedoro Valcàrcel estudiò en el colegio nacional San Carlos, en una època en que la voz de la inteligencia era el doctor Carlos Belisario Alvarez, padre del poeta. Y no solo la suya, sino la de otros àcratas como Federico More o Josè Antonio Encinas. Imbuìdo de esa voces, con ese marco teòrico, es que viajò a esas alturas del arte. Puno era entonces una pequeña y hermosa ciudad de diez mil habitantes, con una calle Lima donde comerciantes alemanes, italianos, japoneses, se disputaban las primicias. En cada casa habìa un piano y a veces un violìn, la mùsica puneña mestiza es hija del piano. Puno era la ciudad donde obligatoriamente se quedaban, una semana o màs, los viajeros de Lima a Buenos Aires y viceversa. Aquì se hospedaron Malanca, Do Santos, Sabogal, pianistas, teatristas. Valdelomar se repantigò por varios dìas. La vida ha cambiado desde entonces como todo cambia, y esa pequeña y vieja ciudad ya no existe.
Volvìò a Europa en 1929 a la exposiciòn de Sevilla, donde el Perù participò con muchos crèditos. No olvidemos que el asesor del presidente aquellos años era Emilio Romero Padilla, que venìa del grupo de Churata. Valcàrcel se quedò esta vez tres o cuatro años, fue a Parìs donde su contacto era Ernesto More, nada menos; lo vinculò con Cèsar Vallejo, con Vicente Huidobre, y otros de ese grupo. Alguna vez More me contò como Valcàrcel alborde de una cafe o una copa de vino, tarareaba y melografiaba, sin reposo. Hay algunos espìritus fùtiles, que creen que vivir en un lugar es vegetar fìsicamente, el caso del gran compositor los contradice, pasò su infancia en la ciudad del lago, luego volviò dos o tres veces y nada màs. Puno estaba en su mente, el espìritu de Valcàrcel vivìa en Puno.
Valcàrcel es un lìrida, una esticista que nos puede convocar hasta las làgrimas, de la pura belleza que encierran su composiciones. Belleza pura. Su perfecciòn formal, fruto de un trabajo acadèmico de años, està al servicio de ese estro lìrico, que a la vez es tan peruano, tan andino e indigenista. Aun hay espìritus retardatarios a los cuales la palabra indigenista les pesa, les cae como un còlico, pefieren llmarlo arte nacionalista, pero què pobreza de espìritu. A veces, màs andinos e indigenistas, son personas que nunca han pisado Puno, y que nos hacen ver el lago como si fuera una pelìcula con sabores, es el caso de Nora Chastain.
Contemporàneos de Valcàrcel son Ernesto More (1897), Gamaliel Churata (1897) y un poco mayor Josè Antonio Encinas (1888).
Omar Aramayo

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